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COLECCIONES QUIMANTÚ

  Esta colección nace dirigida a satisfacer una amplia necesidad cultural: la de ofrecer lo mejor de la literatura chilena, latinoamericana y universal de todas las épocas a precios al alcance de nuestro pueblo, abriéndole así una ancha ventana hacia la vida.
Cada quinace días aparecerá un título" (Presentación de la colección en "El Chilote Otey y otros relatos" de Francisco Coloane).
  Esta serie apareció en octubre de 1971 con el número Quién es Chile: Serie Hoy Contamos". Nosotros los Chilenos apostó por entregar una óptica muy amplia de la cultura nacional, abarcando diversos temas y proposiciones que tenían como uno de sus objetivos, buscar nuevas formas de conocimiento al alcance de las masas. Esta revista propuso otra "tradición chilena" que incluye a sectores sociales de los que la "tradición oficial burguesa" no se había hecho cargo, y se inicia un proceso de valoración de dichos sectores.

  Entre las primeras colecciones de libros de Quimantú, la Colección de Bolsillo presentó a autores chilenos de la talla de Alberto Romero, Enrique Lihn, Gabriela Mistral, Antonio Acevedo Hernández, entre otros.
La Colección Narrativa y la Colección Cordillera se confunden en el borroso registro y coincidencia de la orientación de ambas.
  Quizás la Colección MiniLibros sea la más recordada de aquella época. Su formato, precio y la selección que la compone pusieron, en ediciones de entre 30.000 y 50.000 ejemplares, la literatura universal a disdposición de los trabajadores de Chile. En imprenta quedó el número 56, de septiembre de 1973, "El Escarabajo" de D.H. Lawrence, que la Editora Nacional Gabriela Mistral editó para 1974.
  "Los Cuadernos de Educación Popular responden a la necesidad que tiene cada país de producir sus propios textos de educación política, para elevar la conciencia de las grandes masas y permitir que sean ellas quienes construyan en forma efectiva y creadora su propio futuro" (Palabras de Marta Harnecker y Gabriela Uribe, las principales promotoras de esta colección).

  Esta colección tuvo dos series: Cuncuna Cuentos y Cuncuna Pintamonos. La primera presentó, en original formato, cuentos de autores universales ilustrados por dibujantes como Guido, Nato, Hervi, Marta Carrasco, María Angélica Pizarro. Irene Dominguez y otros. Pintamonos, entetanto, fue una serie de libros para colorear.
Las ediciones de Quimantú dedicadas al ámbito infantil estaban elaboradas por el Departamento de Publicaciones Infantiles Educativas.

  "En una de esas fómulas lapidarias con las cuales a veces complacíase su genio, ha dicho Lenin que "no hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaria". El más ilustre de los constructores sociales saludaba así la supremacía de la inteligencia aun en el momento de rebelión y del gesto ejecutivo. Las revoluciones se hacen, en efecto, con doctrinas de pensadores, y está condenada de antemano la insurrección que confie a la inspiración del momento la suerte de su aventura". (Anibal Ponce en el prólogo del primer número "Marx y Engels").

  "La originalidad del proceso chileno de cosntrucción del socialismo exige, sin lugar a dudas, un serio esfuerzo de comprensión de sus características y peculiaridades, pues ésta es la base para una conducta social más racional y más eficaz.
Editorial Quimantú asume este deber principalmente a través de sus Colecciones Camino Abierto -que incluye las Series Análisis, Debates Nacionales y Nuestra Historia- y Clásicos del Pensamiento Social. (En "El leninismo y la victoria popular" de Carlos Cerda, Número 1 de 1972).

 

   
PUBLICACIONES PERIÓDICAS
  El tiraje de la revista femenina Paloma, que fue editada quincenalmente entre noviembre de 1972 y septiembre de 1973, llegando a 22 números, alcanzó a 280.000 ejemplares. Este hecho condicionó la labor de imprenta de toda la Editorial Quimantú, ya que era incompatible publicar esa cantidad de revistas y libros al mismo tiempo.
  Hoy es el primer día del resto de tu vida, Onda va". El primer número de la revista juvenil Onda contó con la participación de la Dirección Nacional de Centros Juveniles, la Consejería de Desarrollo Social, la Oficina de Desarrollo y Planificación (ODEPLAN) y el Departamento de Educación de la Universidad de Chile. A través de temáticas como sexualidad juvenil, militancias políticas, juventud y trabajo, entre otras, la revista aspiraba a conseguir lectores jóvenes de origen popular, presentando una nueva dimensión de la realidad chilena. Apareció quincenalmente hasta el 11 de septiembre de 1973.
  Esta publicación recogió las distintas inquietudes de creadores e intelectuales para desarrollar una publicación específica de la cultura como tema. Aparecida en un período particularmente creativo en las diversas disciplinas artísticas, siempre mantuvo una posición crítica respecto de la escasa preocupación estatal por la cultura. Desde esta pespectiva, estas páginas intentaban ser también un espacio de discusión de políticas culturales nacionales y, al mismo tiempo, ofrecer un panorama de las variadas expresiones artísticas y culturales que se daban en el país.
De este modo, aparecían experiencias como la de los Centros de Cultura Popular (CCP), los grupos artísticos de sindicatos, centros juveniles, entre otros, junto a las manifestaciones académicas y profesionales del "mundo cultural" chileno, lo que tendía a la consolidación de una nueva identidad chilena.
  Esta revista apareció todos los miércoles hasta octubre de 1971, a partir de allí salió quincenalmente. Estuvo definida como una revista de información popular que tuvo su origen en una idea del Instituto de Estudios marxistas de la Universidad de Chile. El primer número fue publicado en abril de 1971 y el último apareció en mayo de 1973.
A cargo de estas ediciones estuvieron Grabriela Uribe y Marta Harnecker. En cada número se desarrolló un tema central de la política contingente, apoyado por caricaturas, como la Reforma Graria, A Elevar la Producción, Para qué organizarse, Cómo organizarse, La Historia Secreta de una cucharadita de azúcar, Todo sobre Investigaciones, entre otros.
 

Por fin una revista para los niños. Cabrochico, una real revista para los niños chilenos, nace para entregar añ sector infantil una escala de valores nuevos, cuyo ambiente sea exclusivamente Chile y no el de otros países de costumbres y tensiones totalmente diferentes a las nuestras (...)
En la revista seincluye un suplemento para padres, cuya intención básica es proporcionar información respecto al cuidado de los niños en su alimentación, salud o formas de vida (Separata de La Firme de 13 de julio de 1971).

  El proyecto de Editorial Quimantú fue sumando distintas inquietudes a su labor de difusión cultural. Es así como aparecen las Historietas Q que respondían a la importante demanda de publicaciones de este género pero con la perspectiva de abordar nuevos temas, personajes e historietas "basadas en nuestra realidad". Este desafio se apoyó en el trabajo dedicado de muchos dibujantes chilenos, adaptadores de cuentos y guionistas para las historietas. De esta manera nacieron y se multiplicaron las revistas El Guerrillero, Guerra...!, Dimensión Cero, La Jungla, Delito, El Jinete fantasma, entre otras.
 

Esta colección formaba parte del Departamento de Ediciones Educativas de la Quimantú. Los temas de cada publiacción apuntaban a poner en el conocimiento nacional temas de amplia diversidad para la formación cultural del ciudadano chileno, poniendo énfasis en hitos de la contingencia nacional y mundial como la Guerra de Vietnam, la Escuela Nacional Unificada, la intervención de la ITT en Chile, el desarrollo de la UNCTAD III en Santiago de Chile, entre otras.