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RASTROS DE MI PUEBLO

Presentación
Victor Flores
Editorial Quimantú

Comúnmente la historia la escriben aquellos que tienen el poder y la misión de explicar la vida y los sucesos desde una óptica oficial, favoreciendo a quienes gobiernan, a quienes han forzado los hechos a su favor y lo explican luego desde sus particulares visiones.
En Chile, sin embargo, en los últimos años algo ha estado pasado. Quienes irrumpieron en la vida del pueblo cargando las bayonetas, asesinando, robando y torturando, abriendo un periodo contrarrevolucionario para restaurar el orden burgués, quienes vencieron y detentaron el poder, explicando luego los hechos desde sus particulares puntos de vista para justificar los crímenes y el saqueo, han terminado juzgados por la historia, como se los sentenció el presidente Allende. Pero no sólo eso, unos pocos han terminado procesados y condenados como criminales, delincuentes, otros están siendo juzgados por ladrones. Así la historia oficial empieza a ser cuestionada y va surgiendo desde el pueblo mismo, desde los trabajadores, desde los pobladores, la historia oficial de los pobres. Aquellos fragmentos de la vida del pueblo, contados por quienes la vivieron, la gozaron y la sufrieron. En el Chile de hoy empieza a surgir la historia de los que fueron «vencidos», derrotados, perseguidos, de aquellos que soñaban conquistar una vida digna, una sociedad justa y solidaria.
«Rastros de mi Pueblo» es un relato de la vida de un hombre común y corriente de nuestro pueblo, un hijo de familia campesina, humillada por la prepotencia patronal latifundista. Manuel Paiva viene del campo, donde vivió junto a catorce hermanos su niñez, vio la furia del patrón descargada contra su padre y su familia, conoció las injusticias y las reglas del juego en la sociedad de clases que vivimos.
Pero Manuel nos trae algo más que sus relatos. Adentrándonos en su vida nos sumergimos en la de aquellos que vivieron una época particularmente dramática. Más aún, en el trayecto de sus relatos nos vamos encontrando nosotros mismos, y eso ocurre cuando habla un hombre sencillo de nuestro pueblo. Vamos recorriendo los hechos, lugares, conociendo la geografía, las culturas y vivencias de mujeres y hombres. Con él entramos con más claridad a los oscuros laberintos de la muerte del entonces Estadio Chile, reaparecen los militares con su carga de odio, asesinando a hombres, mujeres y niños mostrando sus verdaderos rostros, los que se pasean con la bandera de la patria por los recintos militares jurándole lealtad, mientras el extranjero se lleva gratis el cobre, saquea los bosques nativos, se compran las regiones de abundante agua para conformar los futuros enclaves de las potencias económicas.
A través de Manuel también conocemos esa otra historia, casi inédita, de aquella generación única de jóvenes, mujeres y hombres que intentaron tomar el cielo por asalto, muchos pagando con sus vidas la osadía, otros sobrevivían. Manuel Paiva fue uno de ellos y muestra cómo esa generación mantuvo el grado de compromiso con los pobres, como cuando asumió la defensa de la industria en que trabajaba y salió a la calle con un revolver calibre 22 a enfrentar al ejército traidor para el día del golpe de estado.
Este libro también nos ve a aquellos que dejaron atrás las posibilidades de una vida tranquila, seres queridos, esposas, compañeros, hijos, y retornaron al pueblo, retomaron la lucha contra la dictadura y, en su gran mayoría, murieron bajo las balas, las bombas y la tortura del régimen militar que defendía los privilegios del gringo y el patrón criollo. Vemos a la generación que vistiendo las banderas rojinegro de los rebeldes, enfrentaron con las armas en la mano la contrarrevolución. ¿Qué pasa con los sobrevivientes de esa historia?
Manuel Paiva nos ha retado a seguir su ejemplo, a relatar más rastros de nuestro pueblo, por ejemplo aquel negro periodo de la contrarrevolución 73 - 76, cuando sólo los miristas enfrentaban a la dictadura, trataban de reconstruirse y articularse en un cambio tan brutal, tan violento y tan repentino de las condiciones de vida, cómo estos combatientes fueron construyendo una retaguardia profunda en el seno de su propio pueblo, porque era la única posibilidad de sobrevivir a la contrarrevolución y levantar otra vez nuestros sueños.
La mayoría de ellos murió, fueron detenidos y sólo un pequeño destacamento logró sobrevivir ese período e intenta en los años 77 - 78 algunas iniciativas a un alto costo de vidas. Sin embargo de todo ello quedó una importante presencia moral, ética y política, pero también vínculos leales con el pueblo que permitirían otras iniciativas desde los años ochenta en adelante.
También podemos recordar aquellos esperanzadores días en que, ocupando las calles, se fortalecía en la lucha por la libertad y se preparaba para nuevas ofensivas contra la dictadura, las protestas nacionales y los paros comunales, las negociaciones y las traiciones de quienes luego iniciarían la administración del sistema dejado por los militares para asegurar la ganancia sin límites de los empresarios contra los sueños e intereses del pueblo trabajador, pero además nos encontramos con el relato de lo actual, con la juventud de hoy que busca nuevos caminos para construir sus sueños.
Vemos la historia de un hombre que ya pintado en canas sigue la ruta de los pobres, aportando, con su experiencia, sus vivencias para las nuevas generaciones, para las nuevas luchas que empiezan a despuntar perfilando un nuevo sujeto social que pronto hará soplar los vientos libertarios.