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ORGASMOS

A manera de prólogo:
Yo pensé que sólo pasaba en las películas

Fernando Pez Era

Consecuencias todas de aparecerme en algún lugar, degustando empanadas de horno con los amigos cuyo vicio también son las empanadas de horno, me he hecho, desde un buen puñado de años a la fecha, de una biblioteca compuesta de libros de ciertos personajes que conozco. He ahí el hecho que en un futuro cercano, podré, no sin poco orgullo, pavonearme frente a mi descendencia de poseer una colección de textos dedicados, de puño y letra, en primeras ediciones, y con toda la bella precariedad que significa el trabajo marginal (en los países desarrollados se suele denominar trabajo independiente).
Entre todos, suman una cantidad respetable para alguien que muchas veces ha debido acudir a las fotocopias, cuando al libro en cuestión no se le ha cobrado IVA, sino que impuesto al lujo. Tengo tres de un tal Mauricio Torres Paredes que juntos, constituyen la «Trilogía de Fin de Siglo». Y éste, Orgasmos, viene a ser el corolario de estos llamados «Al Mundo le aze Falta un Orgazmo máz», «Adicción», y «El Futuro Prometido». Verdadero privilegio de Torres Paredes. Me explico.
a. Trilogía, etimológicamente significa «triple verdad» o «triple estudio» o «triple saber», porque «tri» significa tres o triple, y «logos» (logía), verdad, estudio o saber. En este sentido, «Orgasmos» (que contiene los tres libros anteriores, más cierto material nuevo y contextualizante, con lo cual, además, ya no sería posible hablar de una «trilogía», sino que de una «logía», es decir, de «una» verdad, estudio o saber) viene a constituirse en una unificación, muy propia del orden natural; ya lo decían los filósofos griegos cuando hablaban de lo uno y múltiple.
b. Un libro más ingresa a su catálogo de libros publicados, y eso no es poca cosa, porque reafirma mi creencia de que siempre hay algo por lo que celebrar; y,
c. Esta es la oportunidad, de oro, de traer su «Trilogía de Fin de Siglo» al Principio de Siglo. Y bien. «Al Mundo le aze Falta un Orgazmo máz» data de 1997, «Adicción», de 1999 y «El Futuro Prometido», de 2001. Su plan original era sacar uno por año, pero uno propone y el diablo dispone. Y nos encontramos nuevamente con el asunto del fucking money, y por tanto, el hecho de que el texto saliese en 2001 no significa nada en términos de coherencia, porque la materia estaba, y a mi compadre no lo auspicia ni la CTC ni la Coca-Cola.
Por eso, cuando le veo aparecer, siempre le pregunto lo mismo: en qué andas. Y el siempre no me responde lo mismo. Aquí mismito está la prueba. Mis escritos favoritos son muchos, pero ahí está «Yo soy el rock and roll», porque es el que «con las palabras más bellas aún puede estar diciendo: «Bang-Bang, estás muerto maldito». Su polera apolillada no dice CTC, su llavero no refiere a Coca-Cola. Cuando le veo aparecer se me viene inmediatamente a la cabeza una canción de punk rockabilly. Yo soy el rock and roll. Y ser el rock and roll se antoja una actitud necesaria hoy por hoy.
Si a fin de siglo pensábamos que la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética era lo máximo que podíamos apreciar, pues bien, ahora es otra centuria, y la tónica es la guerra declarada entre millonarios (guerra santa le llama eufemísticamente algunos, terrorismo otros). El paso del siglo XX al siglo XXI ha sido duro, pero insistimos, sus tres libros han salido ilesos al ataque de las Torres Gemelas, y en estos momentos ya son uno.
Mi visión es sesgada, bien lo sé, pero tengo la impresión que la unión hace la fuerza. Y Mauricio Torres Paredes, bajo la retórica que hoy se maneja, es un terrorista de la palabra. Los fantoches de las corporaciones oligarcas lo han dicho: «o está con nosotros o están con el terrorismo». Podrán alegar que es cuestión de tiempo para que caigas, pero, ¿buscarán uno a uno a quienes tienen tus tomos? Podrán afirmar que tu discurso se diluye en tu porfía de consignar tus dos apellidos en la autoría, bajo el argumento de que tiene ínfulas burguesas, pero, ¿saben ellos que Torres es el hombre, Paredes la mujer, y Mauricio el niño? No hay excusas después de todo. Eres quien eres y no otra cosa. Eres aquel punk rockabilly que de vez en cuando viene a comer empanadas de horno conmigo.
A Mauricio Torres Paredes le agradezco la deferencia, y qué más, claro, este espacio, que es el mismo que demora una canción de Misfits en sonar, y las veces que he debido dejar todo botado, y me has invitado a mojar la garganta. «Como absurdo piensa el humano creyendo mientras más edad tiene más supone saber».