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MEMORIAL DEL CONFIN DE LA TIERRA

Y toda luz volverá

Juan Antonio Massone

Si de algo se encarga la poesía, es la de modificar fatalidades y asentar presencias. Un memorial poético, como el de Sergio Rodríguez Saavedra, es manojo de reencuentros ofrecido a la consideración de los demás, alentado de convencimiento tanto como de espera en trasuntar latidos del camino, así también su entrega del íntimo ritmo humano de quienes habitan los poemas, junto a un paisaje de relieves visibles y a la vez internos. Toda una vigilia: un sueño despierto.
Nos hallamos de viaje. El poeta es habitante de una tierra con cielo en la mirada y rumor de nombres propios, de estampas señeras en signos por descifrar y gestos en que reconocerse. La tierra emerge, poderosa, de resonancias y esfuérzase en vocablos que son silencio y espera, lo que dejan adivinar cesuras del viento y conmociones prolongadas de los tiempos en la arena, a veces próximas al río o en la ciudad difícil.
En cada recodo de este lar poético arrecia una grandeza que no cabe en las sílabas, sino en jirones de fugas presentes y en orbe colmado de imaginación. Ida y regreso de la memoria, la palabra poética sobrepuja destinos; en ella se contempla y palpa la piel absorta de los años, su animación de lo que fue y de cuanto podría ser a partir del todavía.
Como quien despliega en paralelo acento testimonial, entre secciones del texto, alterna una voz compacta, pertrechada de consciencia que anuncia o advierte de conjunción afectiva como son una familia, un pueblo, el cambiante litoral, la tierra entrañable y la inamistosa historia. Esa voz apela al pensamiento, a la consideración, al téngase presente. La otra, es la del giro que mejor dice el silencio, alfabeto mayor y recadero de una soledad que se dirige la palabra.
Memorial del confín de la tierra recupera para bien de lo poético el acento conmovido y el aura vívida de la palabra. Cuando se nos regala un habla habitada de espíritu, como en este caso, es asunto de agradecer y de reconocimiento auténticos. Esto puedo decir en un saludo como el presente, breve incitación a quienes conocerán de un libro, y en él, algo de los pliegues donde el poeta ofrece signos y síntomas en que ausculta lo inefable y tantea miradas que quisieren responder a su llamado.

 

 

Inicial

Comienzo a cantar ahora
sobre asuntos verdaderos,
iré siguiendo el sendero
que me indique la memoria.
No está tan lejos la hora
De los hechos que relato,
Si son recuerdos ingratos
A ustedes pido dispensa:
cantarlos me recompensa
de momentos tan amargos.

 

 

Prólogo
Pedro Yáñez

Este libro aparece en el Chile del año 2003, cuando la sociedad más lo necesita. Llevamos mucho tiempo escuchando, acatando, mirando desde lejos...
¿Qué pasó con nuestros diarios y la libertad de prensa? ¿vamos a seguir viviendo como televidentes?
- Televidentemente que NO.-
Cada persona tiene una vida que contar y un mundo que compartir. Más allá de las descalificaciones, nos hace mucho bien, contar nuestras vivencias emotivas, hablar con claridad de lo que nos pasó. Hay mucha crueldad escondida, gritos acallados, conductas que saldrán a la luz desde el valor de los perseguidos y desde la vergüenza de los hijos de los opresores; tal vez tendremos que llorar colectivamente las tristezas disimuladas por 30 años, escuchar el relato de los jóvenes que vieron que se llevaban a uno de sus padres, oír al soldado que se vio obligado a maltratar a sus compatriotas, hasta debatir algún día con dignidad, respeto y sabiduría.
Si falta madurez para hacerlo, entonces hay que seguir madurando y un paso para ello es precisamente la publicación de este trabajo autobiográfico escrito en décimas.
Tenía que ser en la estrofa del canto a lo humano, la forma predilecta de los trovadores latinoamericanos desde México hasta Chile.
La voz del pueblo se expresa una vez más en la décima, estrofa nacida de la creación colectiva algunos siglos antes de la invención de la imprenta y enriquecida por la tradición oral de los cantares de diversas culturas.
Manuel Paredes, poeta popular, levanta la voz para hablar del tema que tanto asusta a un pequeño grupo de gente y que tanto identifica a las grandes mayorías. Habla en primera persona, nos hace adentrarnos en una historia del presente, sus palabras tienen la naturalidad de quien comparte una experiencia que no necesita de ningún artificio para llegar a conmover, este trabajo tiene algo del Chile subterráneo, que más vale mirar de frente para superar tanta hipocresía que no nos deja ser, no nos deja compartir.
Este relato de Manuel es un aporte a la convivencia, al conocimiento y al compromiso de vivir en un país civilizado que está necesitando más verdades para subir el índice de salud mental.
Invito a leer estos versos con la mente abierta y con la esperanza de que algún lector aprenda del ejemplo para escribir también sus propias décimas.
«La décima te invita a saber más de tus vecinos, los libros invitan a saber más de la vida, la poesía te trae mensajes de todo el planeta».