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Entrevista a Victor Muñoz, autor de Armando Triviño: Wobblie. Hombres ideas y problemas del anarquismo en los años veinte:

"Triviño combatió las expresiones políticas y teóricas del marxismo y su naturaleza jerárquica y autoritaria."

Por Rodrigo Alfaro

Hace ya algunos meses que Quimantú publicó el octavo título de la serie Papel Lustre. Se trata de Armando Triviño: Wobblie..., obra que acomete el estudio de Armando Triviño, personaje más bien desconocido que, como tantos otros a lo largo de nuestra historia, le dedicó sangre, sudor y lágrimas a la tarea de luchar por una sociedad más justa y, en la que, además, se incluyen algunas de sus arengas y polémicas más destacadas. Testigo clave del anarquismo de los años veinte, escarbar en la vida de Triviño es al mismo tiempo escarbar en laos ires y venires del movimiento libertario de aquellos años. De esta y otras cosas conversamos con su autor, Víctor Muñoz.

-Cuéntanos, a grandes rasgos, de qué se trata el libro. ¿Qué particularidades hallaste en el personaje para acometer un estudio sobre él? 

El libro fue pensado para el rescate y la reflexión en torno al pasado del movimiento anarquista en la región chilena, corriente política sistemáticamente excluida por los enfoques marxistas predominantes en los historiadores sociales, situación ésta última que –felizmente- se tiende a revertir en la actualidad. Se trata de una biografía social, es decir, más de un colectivo que de un hombre, y de la reproducción de documentos de la época. Se pretendió dar cuenta de las vicisitudes y problemas de las organizaciones anarcosindicalistas de trabajadores y trabajadoras durante la década del veinte, usando como nexo y escusa la vida de uno de los protagonistas de aquel movimiento.
En términos concretos el libro se divide en tres partes. La primera es un estudio que, centrándose en la vida del anarquista Armando Triviño, intenta escudriñar sobre el movimiento libertario en general. La segunda parte es la reproducción total de uno de los tantos folletos publicados por Triviño: “Arengas” del año 1923. Ese texto tiene la cualidad de condensar el ideario libertario (el “qué queremos”) desde la visión de un trabajador nativo, pues generalmente se tiente a creer que éstos no fueron en nada originales y que tanto las ideas como sus exponentes teóricos siempre vienen del extranjero. Y en el tercer apartado se anexó una serie de escritos que nos hablan de la cultura y el ambiente político libertario. Allí se incluyeron desde cuentos hasta artículos de polémica y denuncia.
Armando Triviño fue un agitador destacado en el interior del movimiento anarquista. Es cierto que éstos no tienen lideres y que combaten las jerarquías, pero como sucede con otras tendencias, casi siempre hay figuras que destacan y ésta lo hizo porque fue un individuo muy activo y visible en las luchas sociales y culturales de los trabajadores anarcosindicalistas: Protagonizó polémicas, hablaba en actos públicos, dirigió varias veces diversos periódicos libertarios, fue secretario de organizaciones laborales, coordinó la editorial libertaria más prolífera que haya existido a nivel local (Lux), animó varias campañas de solidaridad, coordinó huelgas, y hasta escribió y actuó obras de teatro social. En fin, un hombre muy activo, como lo fueron varios compañeros más, pero que no tuvieron una visibilidad tan patente como éste. Por último, y no es menor indicarlo, por una década Armando Triviño fue uno de los rostros más reconocidos de la sección chilena de la organización obrera anarcosindicalista IWW (Industrial Workers Of The World), una de las centrales más poderosas de la época.
Pero el libro no es un relato santificador de Triviño. Él, ante todo, fue un hombre como nosotros, con sus virtudes y con sus miserias. Y eso lo intentamos hacer notar.

-¿Cómo conociste a Armando Triviño?

Convergieron varias cosas para eso. Por una parte ya venía investigando otros temas de la misma época y con similares actores, situación que inevitablemente me dio la ocasión de toparme con éste personaje. En cuanto al libro hay que decir que la idea fue del compañero José Gutiérrez quien –teniendo trascrito el folleto Arengas- me invitó a realizar una nota introductoria para el documento. Pues en un primer momento solo publicaríamos eso. Pero con el tiempo y cual bola de nieve, el proyecto se fue haciendo más extenso y complejo. Entonces lo de Triviño es por la disponibilidad del documento y a la vez por su trascendencia en el movimiento libertario de los años veinte.

-¿Cómo fue el proceso de investigación? Se nota que hay mucho trabajo con archivos, mucha búsqueda...

Bueno, afortunadamente para ello y otras cosas cuento con el apoyo de varios compañeros que gracias a sus propias investigaciones y por medio del constante intercambio de informaciones, discusiones y críticas mutuas, nutren éstas y otras indagaciones históricas. En cuanto a las fuentes, se trató de hacer un trabajo completo buscando en diversas alternativas documentales para contrastar la información aparecida en unas y otras. Se utilizaron artículos y libros locales y extranjeros referentes al tema, periódicos, informes de la policía secreta, archivos del Gobierno, novelas sociales, discusiones parlamentarias, gacetas de Tribunales, etcétera. Hasta en el facebook y en el cementerio general nos metimos a ver si hallábamos algo. Por último debo decir que me ayudó bastante el hecho de haber investigado antes –y en paralelo- otras temáticas relacionadas con el anarquismo de estos años.
Me parece importante destacar la ayuda mutua entre los investigadores libertarios. Por lo general los historiadores trabajan solos y compiten como perros por un hueso entre ellos con tal de ganar primicias y conseguir publicaciones para el ego y el currículo. En cambio, nosotros, como anarquistas, trabajamos de forma distinta. En nuestro caso nos hemos unido y formamos el Grupo Julio Rebosio de investigación e historia social anarquista. Gracias a ello los trabajos particulares se ven enriquecidos en todo momento por la crítica y los aportes, en fuentes y comentarios, de los demás. Eso nos da mayor capacidad de investigación y esperamos que poco a poco, los frutos demuestren que el apoyo mutuo es vital para la tarea del rescate de la historia.

-De acuerdo a lo que leí, me pareció que en aquel entonces el debate anarquista era mucho más público que en la actualidad. De acuerdo a lo que tú narras, existían debates públicos por medio de periódicos... Tú resaltas en varias ocasiones lo buen orador que era Triviño, con lo que se deduce que había mucho más discusión política en los espacios públicos. ¿Cómo ves el posicionamiento del anarquismo en la actualidad respecto a aquellos tiempos? ¿Qué opinión te merecen los causes por los que el anarquismo, hoy en día, dialoga consigo mismo? ¿Existen instancias de encuentro de anarquistas en la actualidad?

Son varias preguntas. Veamos. Me da la impresión y lo hemos hecho notar en el libro, de que a nivel de discusión entre las diversas tendencias anarquistas, el pasado estudiado y nuestro presente se parecen bastante, demasiado diría.  Las polémicas y divisiones siempre han existido y es natural que ello suceda, sobre todo en el interior de un movimiento político que no tiene ni aspira a tener una organización única y anquilosada en dogmas como lo es el comunismo y sus partidos. Para los anarquistas la crítica y la autocrítica es una urgencia. El problema es cuando ésta se degenera en escupitajos personalistas. Cuando ya no se revisan ideas o prácticas consideradas contrarías a la libertad y se pasa al ataque corporativo y personalista del adversario.  Hoy como ayer, eso es realidad entre nosotros.
Además de ser el formato preferido para los debates, así como las conferencias públicas, hay que señalar que la prensa libertaria era una de las expresiones más ricas y vivas del movimiento anarquista criollo y mundial. Cerca de 50 periódicos de esta tendencia nacieron y murieron en las tres primeras décadas del siglo XX y una cantidad similar fluía al país proveniente del intercambio de libros y material cultural con los compañeros y organizaciones de otras partes de la Tierra.
La polémica fue viva en el formato de periódico y esto tuvo, a mi juicio, ventajas y consecuencias desastrosas. Por una parte todo lector se informaba y se enriquecía con ella, pero al mismo tiempo, aquel canal informativo servía para las descalificaciones personalistas anteriormente descritas. No obstante, a pesar de las diferencias teóricas, había espacio para la propaganda y el debate entre tendencias en los espacios impresos de cada una de ellas. Eso casi no se da hoy. Y quizás sería bueno revisarlo.
Hoy los formatos han sido modificados y está la internet y sus páginas de contra información para la propaganda y las discusiones. Las publicaciones periódicas anarquistas en papel son muy escasas. Intentamos revertir aquello con El Surco, así como con la distribución de otras expresiones impresas criollas y extranjeras entre nuestras esferas de influencia, pero siembre hace falta más variedad y cantidad. Esperamos que esto cambie.
Hay también un cambio de espacios de discusión. El anarquismo de los años veinte era mucho más visible –físicamente- en cuanto a expresiones de debate.  Había espacios para ello. Hoy nos parecería extrañísimo que el arzobispo de Santiago se presentara a un local libertario a discutir sobre la existencia de dios. Cosas como aquellas no fueron extrañas al ambiente cultural de la época. A los foros anarquistas llegaba de todo, desde militares hasta diputados, desde delincuentes de bajos fondos hasta profesores universitarios. Hay fenómenos que han incidido en eso, hoy el anarquismo es bastante juvenil y estudiantil en su extracción, ayer en cambio, lo era preferentemente adulto y obrero. Excepción hecha por la FECH de los veinte, claro. Y esto no es bueno ni malo, pero es una realidad que influye en otras situaciones, entre las que se destacan la capacidad de poseer un espacio físico y una voluntad “hacia afuera” que no siempre es vista o deseada en los espacios libertarios actuales. Ayer hubo Centros de Estudios Sociales, hoy hay casas okupas.  Hay continuidad y ruptura. Pero esto es una caricaturización, por cierto, las cosas siempre son más complicadas.
Instancias de encuentro y discusión actuales los hay, apatía también. Periódicamente se hacen talleres, foros, cursos y encuentros, y no solo en Santiago, también está la música y sus tocatas. No obstante, en varias ocasiones, por el solo hecho de ser motivadas por tendencias distintas a las de uno, no se acude a ellas. También hay otros motivos.
Y bueno, polémicas y discusiones también hay. Y creo que así debe ser. Eso nos enriquece, pero al igual que a principios de siglo, se siguen dando los vicios que personalmente me preocupan y que antes ya he señalado.

-Un aspecto que llama la atención, contraponiendo la izquierda que describes con la actual, es la permanencia de la disputa entre anarquistas y marxistas. En el caso de Triviño, a veces su reacción contra el marxismo era virulenta, como si quisiera escapar a toda costa de alguna influencia de esta teoría. ¿A qué  crees que se deba la permanencia de esa querella hasta hoy día?  

Una precisión antes. Triviño, a diferencia de muchos anarquistas, no se distanciaba del marxismo en cuanto a lectura de la realidad económica. Y eso lo asumió explicito, con las consecuencias previsibles. Lo que sí combatió fueron las expresiones políticas y teóricas del marxismo y su naturaleza jerárquica y autoritaria.
Es natural que la querella entre anarquistas y marxistas permanezca hoy en día, sino, tendríamos que preocuparnos. El pensamiento y la práctica anarquista sostienen que no puede existir igualdad donde hay jerarquías, y no puede haber libertad donde hay control y coerción. Y es cosa de ver los regímenes presentes y pasados de los marxistas para dar cuenta de aquello. El marxismo es siempre autoritario, en mayor o menor medida, mientras que la principal propuesta libertaria es la idea del libre desarrollo de la humanidad sin la existencia de espacios, prácticas, instituciones e imaginarios autoritarios. Y bueno, existe además una serie de ideas que hacen patente ese distanciamiento entre libertarios y marxistas que por una cuestión de brevedad y de pertinencia a esta conversación, no viene al caso seguir desarrollando.

  -¿Qué  lecciones, según tu parecer, deberían sacarse de los defectos y las virtudes del anarquismo de aquellos años?

 Hoy como ayer el anarquismo tiene potencialidades tremendas y sus defectos también. Por eso no creo que exista una época de “mejor anarquismo”  y otra de “peor”. Lo que sí es cierto, es que en aquel tiempo el movimiento libertario era mucho más numeroso, más expresivo culturalmente, con una actividad influyente en las esferas sindicales, etcétera.
Defectos pueden existir muchos, pero son trasversales en el tiempo y pueden verse tanto ayer como hoy. Allí está el caudillismo, la inconsecuencia cuando se habla de la libertad y se tiene a la mujer padeciendo relaciones patriarcales, también está la apatía en cuanto a comprometerse activamente –y no solo de palabra- con las ideas que uno defiende, el fanatismo en las organizaciones y tendencias propias, entre otros. También creo, pero es el vicio de la época, que los libertarios pecaron del fanatismo en la ciencia y en ocasiones miraron demasiado el futuro de la “revolución”, del día después de esta, y olvidaron problematizar con el presente. No dudo que tuvieron las mejores intenciones, pero la transformación se debiera vivir todos los días.
Por una cuestión de momento histórico ya quisiéramos la capacidad cultural, la presencia sindical, y la influencia social en general, que los anarquistas poseyeron en aquellos años. Personalmente no creo que hoy deba existir una gran organización que una a todas las individualidades y tendencias libertarias. Me parece que lo que nos hace falta es la multiplicación de espacios y medios e iniciativas anarquistas. En todas partes. En cuanto a las disputas internas, creo que es necesario y enriquecedor que existan, pero extraño un ambiente más fraterno para las mismas. También sería muy nutritivo volver a tejer las redes de intercambio cultural e ideológico que los compañeros de antaño tan bien alimentaron con sus pares de toda la región chilena y de los más olvidados confines del mundo. Y herramientas para ello las hay. Por otra parte, está también la solidaridad efectiva. Hoy como ayer se habla mucho y se hace poco. En fin, existe una serie de defectos y virtudes tanto en el pasado como en la actualidad que es necesario re-pensar, la cuestión es problematizar con todo ello, con lo bueno y lo malo. Por eso nos urge  la investigación y la difusión de historias de anarquistas.

¿Qué ocurre con esa influencia social a partir de los '50? A partir de esos años empieza a germinar una fuerte conciencia en los trabajadores. Ya en los '70 hay una clase trabajadora conciente, con focos de poder popular, o sea, organizada; sin embargo, el anarquismo pierde su presencia. ¿A qué se debería este proceso?

En los años 50 el movimiento libertario se encuentra agonizante, aunque su influencia en el terreno sindical aun se deja ver en los gremios de la Construcción, del Cuero y el Calzado, y entre los trabajadores de Imprentas. Mientras que afuera de las faenas, se unen en diversos grupos y colectivos pequeños de carácter ideológico y cultural. Esto es a grandes rasgos, por cierto. Existen otros compañeros que tienen investigaciones respecto a los años 50 y que, seguramente, podrían aportar más a ésta respuesta.
Ahora bien, por nuestra parte creemos que existen varios factores que explican parcialmente la marginación progresiva del movimiento libertario de las luchas sociales de la región chilena. Quizás la más significativa haya sido la modificación de las estrategias del Estado para cooptar los movimientos de trabajadores: cuando cambió su indiferencia y respuestas represivas explicitas por las leyes sociales y la domesticación de la protesta. Aunque persecución siguió y sigue existiendo. El profesor Jorge Rojas ha hecho notar –creemos de forma acertada- que el anarquismo bien podía recuperarse de los duros golpes de la represión estatal (como ocurrió sistemáticamente desde 1927 a 1931), pero no así de las leyes sociales y la intervención directa del Estado en las relaciones industriales. La sindicalización legal mermó considerablemente la presencia libertaria entre los trabajadores. Los comunistas y socialistas pudieron acomodarse al proceso, más no la mayoría de las orgánicas laborales libertarias que quedaron y se plantearon fuera de la Ley, con la consiguiente persecución del Gobierno.
Por otra parte, el auge de los movimientos revolucionarios de corte autoritario, la revolución cubana por ejemplo, profundizó la popularidad de las ideas de rebelión por medio de la vía armada y bajo los paradigmas marxistas. Eso se enriquecía además con la filtración de los partidos políticos entre las organizaciones laborales ocurrida durante los años treinta, cuarenta y cincuenta. Todo ello y otros factores, a mi entender, ayudan a comprender ese cierto “ethos partidista” que parece dominar el espíritu revolucionario en los años contiguos, en desmedro de alternativas antiautoritarias como las anarquistas.
Los trabajadores y trabajadoras siempre han tenido conciencia. Ahora, si te refieres a las ideas marxistas de “conciencia de clase” y yerbas similares, pues, hay que entender que estamos ante un proceso de larga duración que data de mediados del siglo XIX. No se trata de una “evolución” desde formas inmaduras de organización a expresiones superiores, como muchos han querido ver. Creo que se trata más bien de un proceso lleno de recorridos, contradicciones, heterogéneo, multiforme. “Ímpetu revolucionario” había desde hace tiempo entre algunos sectores de la población. En los setenta esos sectores parecen ser mas amplios que en el pasado, aunque nunca fueron mayoría. Y si la presencia de los anarquistas fue invisible en la UP, esto debe explicarse por situaciones como las señaladas más atrás. Además, si bien el anarquismo fue impalpable en estos años (aunque hubo), recordamos que el proceso que hizo posible la UP se remonta a un siglo atrás y el aporte de los libertarios y sus practicas e ideas pregonadas por tantas décadas no puede ser desconocido para entender las mentalidades. Por ultimo la UP fue una alternativa de partidos políticos, fue una revolución por las urnas. El Estado –con un disfraz mas simpático- seguía siendo el mismo, el mismo castrador de la revolución. Eso se vio, por ejemplo, cuando los trabajadores desbordaron los márgenes legales del proceso y mediante las tomas ilegales de fundos y fábricas pretendieron hacer efectivo el supuesto “poder popular”. Mientras los jerarcas de los partidos llamaban a la seriedad y el control para justificar la detención del momento revolucionario.

  -Finalmente, ¿qué  texto de Triviño te resulta más significativo, más poderoso por su contenido, en la actualidad?

 Los problemas de la actualidad requieren de ideas y soluciones que nazcan de la reflexión cotidiana, no obstante, hay continuidades en las formas, espacios y actores de dominación que hacen de los “viejos” textos anarquistas útiles. En ese sentido me parecen logrados algunos pasajes de sus escritos. Hay frases que no pierden actualidad, como aquellas de que “Tú elijes amos cuando lo que tienes que hacer es acabarlos”, respecto de la miseria electoral. Hay que entender además que los textos recopilados en este libro obedecen a lógicas particulares. Las Arengas por ejemplo, buscan impresionar, pero no siempre son acompañadas de sucesiones lógicas de argumentos. Son consignas y hay que leerlas como tales. Los cuentos también pueden leerse hoy en día y quizás pueda producirse una impresión similar a la que vivieron los que accedieron a ellos hace 80 años. Otros textos son de denuncia y fueron sumados para familiarizar a quien lea con fuentes de la época y con la palabra directa de sus protagonistas.
Ahora bien, no sé si mas “poderoso” es la palabra, pero creo que podrían ser útiles para el presente, los documentos que provienen de polémicas con otras tendencias, como lo son “L. Armando Triviño responde a la encuesta”, “Temas Obreros. Divagaciones sobre Organización”, “Mi réplica última a D. A.”, “Mi réplica última a D.A (Conclusión)”. Si dejamos de lado el carácter proselitista y sectario que Triviño deja ver en estos escritos, siento que pueden rescatarse varias ideas interesantes y no sé si valederas para la actualidad, pero sí muy pertinentes para las discusiones actuales entre las diversas tendencias libertarias.

***

'Lo sabéis, pero oidlo nuevamente: antes que la burguesía capitalista cumpla su amenaza de dejar yermo al mundo con su capacidad horrorosa, con la crueldad infinita de su explotación, con su régimen sórdido, suicida, nosotros tenemos que reivindicar la humanidad hacia la vida plena y fraternal, solidarizados en el "todos para uno, uno para todos", "produciendo cada uno según sus fuerzas y consumiendo cada uno según sus necesidades".

Insistimos, es el momento de la acción, de trabajo, de labor, perseverante y efectiva, sin una vacilación, sin una duda, sin un paso ni atrás ni al lado, sólo al frente, al comunismo anárquico: como avalancha.'

Armando Triviño, ¡Comunismo!¡Comunismo! (fragmento).
Diciembre de 1919

 
     

 

 

 

 

 

         
todavía hay un chile que se construye a pulso